Palermo es una ciudad de emociónes sin límites y experiencias facinantes. Difícil de definir e imposible de ignorar, una ciudad clásica del sur del Mediterráneo, original y atractiva. Fue una vez un emirato árabe y también sede de un reino de Normanes, para luego convertirse en una de las mas importantes ciudades de Europa en el siglo XI. Hoy, es más conocida por su decrepitud y la decadencia.
Mas allá de la decadencia, Palermo es una hermosa ciudad con una reserva del patrimonio cultural, arquitectónico e histórico que puede rivalizar con toda la riqueza de las grandes capitales de Europa. El rol de la ciudad como cruce entre Oriente y Occidente se ha traducido en una mezcla cultural, que encuentra su mejor expresión en la arquitectura de la ciudad, una fusión de arte bizantina, árabe, normanda, renacentista y barroca.
El aspecto más interesante de Palermo, sin embargo, está representado por sus ciudadanos. Como la ciudad donde viven, los Palermitanos pueden ser peculiares, pero siempre se muestran amigables y hospitalarios, llenos de energía y de pasión, entusiastas consumidores de los placeres simples y sofisticados de la vida. Son ellos los que crean la intensidad que se encuentra en las calles de la ciudad. Las viejas señoras sentadas en el balcón a hablar, a veces gritan a los jóvenes en motos, que pasan su tiempo paseando por las calles. Fragoroso, ruidoso, un festín para los sentidos, Palermo es un lugar que los visitantes que llegan a Sicilia por primera vez, tienden a evitar. No saben lo que se pierden.
La concurrida intersección de Corso Vittorio Emanuele y Via Maqueda marca los Quattro Canti, el actual centro de Palermo. Este cruce se halla dentro un círculo perfecto de edificios curvilíneos que desaparece hacia la bóveda azul del cielo, en una hábil proeza de perspectiva. Localmente se conosce como il Teatro del Sole, puesto que cada fachada se ilumina por turnos a lo largo del día.
En la esquina sudoeste se encueLa concurrida intersección de Corso Vittorio Emanuele y Via Maqueda marca los Quattro Canti, el actual centro de Palermo. Este cruce se halla dentro un círculo perfecto de edificios curvilíneos que desaparece hacia la bóveda azul del cielo, en una hábil proeza de perspectiva. Localmente se conoce como il Teatro del Sole, puesto que cada fachada se ilumina por turnos a lo largo del día.
En la esquina sudoeste se encuentra la Chiesa di San Giuseppe dei Teatini (Corso Vittorio Emanuele), coronada por una altísima cúpula. El Monumental interior, barroco y suntuoso, fue cuidadosamente restaurado tras los daños sufridos durante la Segunda Guerra Mundial.
ntra la Chiesa di San Giuseppe dei Teatini (Corso Vittorio Emanuele), coronada por una altísima cúpula. El Monumental interior, barroco y suntuoso, fue cuidadosamente restaurado tras los daños sufridos durante la Segunda Guerra Mundial.
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Cerrando el lado este de la plaza se alza la Iglesia de Santa Caterina (discesa dei Giudici), la iglesia barroca más bella de Palermo, con su típica historia siciliana. Custodiada por siete ancianas monjas, la puerta está firmemente cerrada y sólo se abre al público una vez al año para la festividad de Santa Catalina (25 de noviembre); de este modo se pueden apreciar la sorprendente estatuaria de estuco, los frescos al pastel y los altares de amatista y lapislázuli.
La iglesia medieval más famosa de Palermo es La Martorana (Chiesa di Santa Maria dell’Ammiraglio; Piazza Bellini 3), que suele estar abarrotada de gente gracias a la celebración de bodas, normalmente programadas los sábados a última hora de la mañana.
Originalmente concebida como Mezquita, esta construcción de s. XII fue promovida por Jorge de Antioquia, el emir sirio del rey Rogelio. Los artesanos griegos contratados para decorarla aplicaron su visión cristiana a los deslumbrantes mosaicos del interior. Los delicados capiteles fatimíes, que repiten sin cesar el nombre de Alá, sostienen una cúpula abovedada en la que se representa a Cristo entronizado entre sus arcángeles.
En 1433 la iglesia fue donada a una orden de monjas benedictinas, fundada por Eloisa Martorana (de ahí su sobrenombre), quien mandó derribar el ábside normando y rediseñar el exterior en estilo barocco; asimismo, añadió su propria capilla con frescos, para lo que tuvo que sacrificar algunos de los maravillosos mosaicos. Por fortuna, dos de los que sobrevivieron son un retrato de Jorge de Antioquia, escondido detrás de un escudo a los pies de la Virgen María, y otro de Rogelio II recibiendo su corona de manos de Cristo, la única imagen del monarca conservada en Sicilia.
Mussolini devolvió la iglesia a la comunidad ortodoxa griega en 1935; por eso, en ella se sigue celebrando la misa por el rito griego oriental en total armonía con la decoración.
Mientras que La Martorana conserva su interior maravillosamente, en la pequeña cúpula de color rosa de la Chiesa di San Cataldo (Piazza Bellini 3) casi no queda nada. Edificada en 1150 por Maio de Bari, emir de emires de Guillermo I, no pudo concluirse a causa del asesinato de Maio en 1160, de ahí la falta de ornamentación interior. Sin embargo, su principal atractivo radica en el exterior, que ilustra perfectamente la síntesis de los estilos árabe y normando.
En Via Maqueda se encuentra esta plaza, cuyos imponentes edificios e Iglesias, muchos de los cuales se hallan cubiertos por andamios en la actualidad, rodean la fabulosa y ostentosa Fontana Pretoria.
La Fuente domina el lugar con sus gradas dispuestas en círculos concéntricos, repletos de ninfas, tritones y dioses fluviales que saltan en el agua. Diseñada para la villa toscana de Don Pedro di Toledo, Palermo la adquirió en 1573 en un intento de eclipsar la nueva Fontana di Orione, tallada a mano, que se había instalado en Mesina.
Se situó enfrente del Palazzo Pretorio y fue apodada la Fuente de la Verguenza debido a la desnudez de las lascivas ninfas, que pusieron a prueba un poco más a los fieles sicilianos que se dirigían a la solemne Chiesa di San Giuseppe dei Teatini.
Este barrio, en su día ocupado por oficiales normandos, es en la actualidad un sector pobre y destartalado, hogar de una creciente población de inmigrantes ilegales que han revitalizando sus calles, así como el lugar donde se encuentra el mercado más activo de Palermo, el mercato di Ballarò.
En la planta baja, después de una logia de tres gradas, se encuentra la primera atracción turística de Palermo, la Cappella Palatina (tel +39 0917054879), construida por Rogelio II en 1130. La capilla es de una prodigiosa belleza y todos sus rincones están llenos de joyas incrustadas en mármoles preciosos y exquisitas vidrieras en las que se aplicó pan de oro.
Los mosaicos increíblemente sofisticados, captan todo tipo de extraordinaria gracia y delicadeza; y en su mayor parte representan escenas del Antiguo Testamento, aunque algunos recuerdan el papel fundamental que Palermo desempeñó en las Cruzadas, lo que resulta paradójico teniendo en cuenta que la capilla fue decorada por artistas musulmanes.
El artesonado compuesto por muqarnas (estalactitas), único en una iglesia cristiana, es una obra maestra.aaa
Hacia el sur del Palazzo dei Normanni, la Iglesia di San Giovanni degli Eremiti (091 6515019; Via dei Benedettini) constituye el ejemplo más notable de la mezcla de arquitectura normanda y árabe.
Erigida bajo el reinado de Rogelio II, está rematada por cinco cúpulas rojas y se sitúa en un arbolado jardín, con soportales que ofrecen tranquilidad frente al caos exterior. El interior de la iglesia, que en la actualidad no funciona para el culto, presenta algunos frescos bastantes deteriorados.
Hacia el oeste por Corso Vittori Emanuele, tras dejar las palme ras que ondean en Piazza della Vittoria, se levanta el Palazzo dei Normanni (palazzo Reale; 091 7054317; Piazza Indipendenza 1). Esta Fortaleza, que fue el centro de una magnífica corte medieval, acoge actualmente el Parlamento siciliano.
Las visitas guiadas alcoba del rey, donde algunos de los únicos mosaicos profanos de la época siguen decorando los muros con pavos reales persas y exóticos leopardos.
Construida para celebrar la llegada de Carlos V a Palermo en 1535, tras la victoria sobre los tunecinos, se encuentra junto al palacio. Fue diseñada en estilo manierista, parcialmente destruida por un rayo en 1667 y reconstruida con una cubierta cónica.
Tras más de cuatrocientos años, sigue marcando la frontera entre la vieja y la nueva ciudad.
Bordeando La Albergheria y tan empobrecido como ella, este barrio constituye otra telaraña de calles y callejones sin salida.
También cuenta con su propria zona comercial, el Mercato del Capo que recorre Via Sant’Agostino; y su principal atractivo es el imponente monasterio de Chiesa di Sant’Agostino (Via Sant’Agostino) que gobernaba la región en la Edad Media.
Los ambiciosos constructores normandos reformaron mezquitas y palacios, dando lugar a un estilo peculiar que se puede ver únicamente en Sicilia. La Catedral (091 334376; Corso Vittorio Emanuele), su ejemplo más relevante, está compuesta por un extraordinario festín de almenas, cúpulas de mayólica, dibujos geométricos y arcos ciegos. Alejada de la calle, el patio de entrada se halla repleto de palme ras, lo que le otorga un aspecto muy oriental.
La construcción empezó en 1184 a petición del arzobispo de Palermo, Walter of the Mill (Gualtiero Offamilio), que deseaba menos caber la supremacía de Monreale. Desde entonces, la catedral ha sido reformada en varias ocasiones, unas veces con éxito, como en el caso del pórtico de tres arcos, obra maestra de inspiración catalana, en la que se emplearon doscientos años; y otras con meno suerte, como la tosca cúpula de Ferdinando Fuga que, por fortuna, no se extendió al exterior oriental, que sigue ostentando exóticas lacerías del diseño original.
Aunque su tamaño impresiona, el interior es un armazón de mármol, una última morada poco original, para acoger los sepulcros reales normandos con los restos de dos de los mayores soberanos de Sicilia, Rogelio II (en la parte trasera de la izquierda) y Federico II de Hohenstaufen (en la parte frontal de la derecha). Hacia la mitad de la nave derecha se encuentra un magnifico tesoro, cuya muestra más extraordinaria es un diente de Santa Rosalía, una de las patronas de la ciudad.
Asolado por la pobreza, La Kalsa es uno de los barrios más conocidos de la ciudad y, hasta hace poco años, se aconsejaba a los turistas alejarse de allí cuando se ponía el sol; de hecho, la madre Teresa de Calcuta llegó a establecer una misión en este lugar.
Las autoridades, enormemente ofendidas, se movilizaron y actualmente el barrio se ha convertido en el principal beneficiario del proyecto de restauración.
En Via Alloro se ubica el mejor museo de Palermo, la espléndida Galleria Regionale Siciliana (091 6230011; Via Alloro 4), repleta de tesoros y pinturas desde la Edad Media al s. XVIII.
El edificio, un impressionante palacio de estilo gótico catalán, fue delicadamente transformado en sala de, exposiciones en 1957 por Carlo Scarpa, uno de los principales diseñadores de Italia.
La galería ofrece una estupenda perspectiva de la pintura siciliana, algo escasa en los últimos tempo, así como el famoso Trionfo della Morte una magnífico fresco. La siniestra muerte monta sobre su consumido caballo y maneja una aterradora guadaña, saltando por encima de sus desventuradas víctimas, en especial los vanidosos aristócratas de Palermo, rientra que los pobres y hambrientos contemplan la escena desde lejos. La enorme pintura, restaurada cuidadosamente, cuenta con su propria sala y puede contemplarse tanto desde el suelo como desde una plataforma.
Otras joyas que sobresalen son el exquisito marco de una puerta árabe del s. XIIny la conocida tabla de Antonello da Messina de la Assunzione. Resulta interesante contemplar la obra de Messina al lado del busto de Eleonora d’Aragona de Francesco Laurana, expuesto en la sala 4; ya que ambos artistas están especializados en una economía del detalle que concede, tanto a las pinturas de Messina como a las esculturas de Laurana, una perfecta quietud que los sitúa en un lugar aparte de sus contemporáneos. Laurana se muestra austero si se compara con la dulzura de las Madonnas de color blanco perla de Domenico Gagini y su hijo Antonello; por su parte, los ojos y la enigmática sonrisa de Leonor, al igual que Mona Lisa, presentan una elegancia y belleza intemporales.
En esta preciosa plaza se encuentra la maravillosa Chiesa di San Francesco d’Assisi (Piazza San Francesco), que presenta una bonita ventana de color rosa y un llamativo pórtico gótico; por esto resulta popular en el circuito de bodas.
La característica más interesante de la iglesia es el extraño arco de la Cappella Mastrantonio, esculpido en 1468 por Laurana y Pietro da Boninate, ejemplo de arte renacentista en Palermo. El templo también exhibe esculturas firmadas por los Gagini, Giambattista Ragusa y Giacomo Serpotta.
Cerca se ubica el Oratorio di San Lorenzo (Via dell’Immacolatella), otra obra singular de estuco de Serpotta. Construido en 1569 por la Compagnia di San Francesco, acoge una serie de tablas sobre la vida de san Lorenzo y san Francisco, entre las que destaca el Martirio di San Lorenzo, situada en el muro más alejado. Una gran Nativitá de Caravaggio colgaba detrás del altar, pero fue robada en 1969 y nunca ha sido recuperada.
Las desvencijadas calles de la Vucciria ilustran sobre el abismo casimedieval que existía en Sicilia entre ricos y pobres hasta la década de 1950.
El Mercato della Vucciria, en otra época la zona más pobre de Palermo y refugio para el crimen y la suceda, solía ser un lugar animando lleno de bulliciosos vendedores, piezas de carne colgadas y todo tipo de fruta y verdura.
Estas escenas inspiraron al siciliano Renato Guttuso al pintar su importante obra La Vucciria (1974), descrita por Leonardo Sciascia como “el sueño de un hombre hambriento”.
Unos 200 m al sudeste del museo, en Via Roma, se erige la Chiesa di San Domenico, (091 584872; Piazza San Domenico). Construida en 1640 siguiendo el deseño del arquitecto Andrea Cirincione, la fachada fue añadida en 1726 tras la demolición de edificios que ocupaban la plaza, con el fin de ampliar el templo.
La iglesia funciona como panteón de la ciudad y alberga las tumbas y mausoleos de algunos sicilianos notables, como el antiguo primer ministro italiano Francesco Crispi.
Sin embargo, la gran atracción es el Oratorio del Rosario di San Domenico (Via dei Bambinai 2, detrás de Chiesa di San Domenico) y el cercano Oratorio del Rosario di Santa Zita (Via Valverde 3); ambos contienen algunos de los memore trabajos de estuco de Giacomo Serpotta, como el altar de Santa Zita, compuesto por una retorcida acumulación de figuras alegóricas y traviso querubines.
Uno de los más importantes de este tipo en Europa, el maravilloso Museo Archeologico Regionale (091 6116805; Via Bara all’Olivella 24) alberga una extensa colección. Entre sus tesoros destacan sarcófagos fenicios (siglo V a.C.), 10.000 objetos etruscos, tallas griegas de Selinunte, el helénico Ariete di Bronzo di Siracusa, la mayor muestra del mundo de anclas antiguas y restos arqueológicos de toda la isla.
Las salas más impresionantes, al final del espléndido claustro, acogen la enorme y fragmentada cabeza de la gorgona (570 a.C.) del templo C de Selinunte, asi como 19 cabezas gigantes de léon de las 59 originales que formaban los surtidores de una enorme fuente en el Tempio della Vittoria de Himera. Más allá aparece la Sala di Selinunte, que muestra todas las tallas de piedra de los siete templos gringo de esa localidad.
La serie representa las mejores escenas de humor y arrojo: Hércules combate con una debilitada amazona rientra Acteón es devorado por sus perros de caza; en otra, Perseo decapita con regocijo a la gorgona y a los Cercotes (hermanos gemelos), se cuelga al revés y se ríe del trasero de Hércules quemado por el sol. El piso superior del recinto exhibe delicados marrón pintados, que se han conservado misteriosamente, y un extraño repertorio de espero etruscos. También vale la pena echar un vistazo a la estatua desnuda de bronce del siglo V a.C. conocida como el Efebo di Selininte. El museo dispone de accesos para discapacitados.
Desde el Palazzo Abatellis hacia Via IV Aprile se llega a la opulenta Piazza Marina con su pequeño giardino Garibaldi. Rodeada de elegantes palazzi, se trata de la plaza más tranquila de Palermo en cuyo jardín crece un venerable Ficus de 150 años, el árbol más viejo de la ciudad, con una altura de 25 m.
Dedicada a Garibaldi, el lugar ha sido testigo de corridas de toros y ejecuciones sangrientas, lo que no puede sorprender teniendo en cuenta que el impresionante Palazzo Chiaramonte del siglo XIV (+39 091334139; Piazza Marina 60), el más grande de la plaza, fue sede de la Inquisición.
Actualmente, forma parte de la Universidad de Palermo y sólo abre para exposiciones temporales.
Aquí también se ubica el Palazzo Mirto (091 6167541; Via Merlo 2), uno de los pocos abiertos al público, que resulta bastante modesto sis e tienen en cuenta las extravagancias de los palermitanos.
Sus paredes están forradas de seda y terciopelo, así como de enormes tapices bordados; y los suelos son de un pavimento impresionante de Mármoles y mosaicos de colores.
Sin embargo, su verdadera rareza reside en el pequeño Salottino Cinese lleno de objetos lacados de color negro, paredes de seda y un techo bastante pomposo, en el que están representados aristócratas europeos que observan la sala desde lo alto.
Detrás de la Galleria Regionale Siciliana se encuentra la Complessa di Santa Maria dello Spasimo (091 6161486; Via Spasimo), el único ejemplo de gótico del norte en Sicilia, con su elegante ábside poligonal y su alta y esbelta nave que ha permanecido durante siglos sin techo.
Fue construida por un médico rico, Girolamo Basilicó, a su regreso de Tierra Santa a principios de 1500. El doctor encargó a Raffaello Sanzio (1483-1520) una tabla para el altar, el Spasimo di Sicilia, pero desafortunadamente hoy no se puede contemplar, ya que fue trasladada a Madrid por el virrey Fernando de Ayala, que sobornó el abad; actualmente está expuesta en el prado.
El complejo constituye uno de los mayores éxitos del programa de restauración, ya que desde 1995 ha reabierto sus puertas por las tardes como local de conciertos y exposiciones de junio a finales de septiembre.
Enfrente de Piazza Magione desde Lo Spasimo se levanta la Chiesa della Magione (091 6170596; Via Maggione 44), conocida como la Magione, una bella muestra del románico más austero que los normandos importaron.
Al norte de Piazza Giuseppe Verdi, Palermo tiene un aire menos deteriorado, más cosmopolita.
Aquí se descubren algunos magníficos ejemplos de la última edad de oro de la arquitectura siciliana, cuando el estilo neoclásico y el art nouveau hacían furor: los teatros Massimo y Politeama Garibaldi..
Construido entre 1875 y 1897 por Giovanni Battista Basile y posteriormente por su hijo, Ernesto, para celebrar la unificación de Italia el Teatro Massimo (info 091 6053111; Piazza Giuseppe Verdi; reservación boletos 800655858; www.teatromassimo.it; reservas 0916090831) se ha convertido en un símbolo del triunfo y la tragedia de Palermo.
Su larga Historia es sintomática de los conflictivos poderes que luchaban por la supremacía social: el orgullo cívico y la creatividad cultural chocaban con la sombra siniestra de la burocracia pirandelliana y el control de la mafia, que, según se dice, fue la responsable de que se tardaran veinticuatro años en restaurarlo.
La segunda sala teatral de Palermo, sustituta del Teatro Massimo durante su cierre, fue diseñada de forma clásica por Giuseppe Damiani Almeyda entre 1867 y 1874.
El Teatro Politeama Garibaldi (Piazza Ruggero VII; prenotazioni 0916053315), con su llamativa fachada que parece un arco de triunfo coronado por carros de bronce, también alberga la Galleria d’Arte Moderna (info 091588951; acceso de Via Turati 7) fundada en 1910 con una colección de arte italiano moderno y contemporáneo. El teatro sólo abre durante las representaciones.
Son dos los lugares mas importantes, fuera del centro de la ciudad: el Castello Zisa (Castillo de Zisa) y el Convento dei Cappuccini (Monasterio de los Capuchinos).
Un trayecto corto en autobús o en automóvil hacia el sudoeste desde Piazza Castelnuovo conduce al Castello della Zisa (info 0916520269; Piazza Zisa) uno de los pocos monumentos que quedan del Palermo árabe. Con bóvedas de estalactitas, ventanas de celosía, fuentes e incluso una cámara de aire para proteger a la familia del emir del caluroso siroco africano, la villa debe su nombre al árabe al aziz, que significa “magnifico”. Actualmente, alberga un museo de artesanía, cuya atracción principal son los soberbios biombos macho a mano y un maravilloso lavamanos de bronce del s. XII Para llegar, se debe tomar el autobús n. 124 desde Piazza Ruggero Settimo.
A pesar de su famosa colección de manuscritos y de que el cementerio contiguo acoge la tumba del novelista Giuseppe Tommasi di Lampedusa, el Convento dei Cappuccini (091 212117; Via Cappuccini 1) es conocido por sus macabras catacumbas donde están expuestas las momias de 8.000 palermitanos que murieron entre los ss. XVII y XIX.
En su origen las catacumbas estaban destinadas a los monjes, pero finalmente se abrieron a algunos personajes acaudalados que habían donado tierras o dinero al monasterio. Después de morir, estos pocos afortunados se dejaban secar, se lavaban con vinagre y se empolvaban con arsénico y leche de lima; por último, se vestían con sus mejores galas y se depositaban en sus nichos.
Las momias están organizadas en función de su poder terrenal, el sexo, la religión y el estatus profesional: los hombres y las mujeres ocupan pasillos separados, y, dentro de la zona de las mujeres, existe una categoría más alta para las vírgenes. La visión más desconcertante es el cuerpo casi perfectamente conservado de Rosalia Lombardo, que murió a la edad de 2 años en 1920 sólo hay que seguir las indicaciones de bambina o niña. Tenebrosas y perturbadoras, las catacumbas constituyen una de las principales atracciones turísticas de la ciudad.
Los visitantes de Palermo agradecen un descanso de tan agotadora, vertiginosa y ruinosa ciudad. Al igual que la capital, sus alrededores gozan de una antiquísima istoria: desde las tallas prehistóricas de la grotta dell’Addaura hasta el sepulcro de santa Rosalía, que en su origen fue un lugar de culto pagano, o los mitos sobre el bandolerismo mafioso de poblaciones como Corleone.
En lugar más famoso sigue siendo la Cattedrale di Monreale, un referente del resplandor medieval que no hay que perderse.aaa
Al abrigo del monte Pellegrino se encuentra la popular playa de Mondello, repleta de adolescentes palermitanos muy bronceados, niños con sus llamativos trastos de playa y papás con los cochecitos. Para dejar atrás el anobio de la ciudad y llegar allí, se puede tomar el autobús n. 806 en Piazza Sturzo. En su origen fue un puerto turbio, infectado por la malaria; sin embargo, el lugar se puso de moda en el s. XIX y la gente, que se trasladaba a la costa en sus carruajes, sacó provecho del gran quelle de estilo art nouveau, que domina el paseo marítimo, y de las playas, que en su mayor parte son privadas. De cualquier modo, existe una amplia playa pública con los habituales patines.
Cruenta con muchas marisquerías y casetas de tentempiés por todo el paseo (Viale Regina Elena). Si el viajero desea algo un poco más formal, se puede dirigir al Charleston (091 450171; Viale Regina Elena) uno de los restaurantes más clásicos de Sicilia, emplazado en un enorme palacio de estilo art noveau con una espléndida terraza que da al mar. Frecuentado por gente acaudalada, la carta se compone de especialidades palermitanas de gran calidad.
Inspirado en una visión celestial de la Virgen e impulsado por la ambición terrenal, Guillermo II construyó la magnífica Cattedrale di Monreale (091 6404413; Piazza Duomo, Monreale). Se sitúa 8 km al sudoeste de Palermo y resulta accesible mediante los frequentes autobuses urbanos que parten desde Piazza Indipendenza. A la sombra de su abuelo, Rogelio II, impulsor de la catedral de Cefalú y la Cappella Palatina, y compitiendo con sus rival Walter of the Mill (Gualtiero Offamilio), arzobispo de Palermo, Guillermo decidió que este templo fuese más grande y muy superior. El resultado fue la mejor construcción de estilo normando de Sicilia.
El interior se considera una de las creaciones más impresionantes de la Edad Media italiana, repleto de mosaicos deslumbrantes que describen 42 episodios diferentes del Antiguo Testamento, desde la Creacón hasta la Asunción. Lo más impresionante es el tamaño de las imágenes y su ingenuidad: el arca de Noé se posa sobre las olas en la clásica imagen bíblica, mientras que Cristo cura a un leproso con manchas como si fuera un leopardo.
Los artistas eran locales y los artesanos que elaboraron los mosaicos, venecianos; pero la influencia del estilo bizantino es dominante. Tras sólo diez años de obras, fue concluda en 1184; los mosaicos constituyen un tributo muy expresivo y acorde con la magnificencia de la cultura siciliana de la época.
En el exterior se halla la entrada al plaustro, que ilustra la pasión de Guillermo por el arte árabe. Se trata de un tranquilo recinto con aire oriental y elegantes arcos románicos, que se sostienen sobre finas columnas decoradas alternativamente con teselas resplandecientes. Cada capitel está labrado de modo diferente y, en conjunto, todos ellos representan una obra escultórica única de la Sicilia medieval. El capitel de la columna 19 de la nave oeste representa a Guillermo II ofreciendo la catedral a la Virgen.
El monarca logró crear la catedral más suntuosa de Sicilia, y lo sigue siendo en nuestros días. Sus restos reposan en un sarcófago de mármol blanco en el templo.
Para desplazarse a Monreale, hay que tomar el autobús n. 389 de color naranja desde Piazza Indipendenza en Palermo; la parada se halla frente a la catedral en Piazza Duomo. Un taxi desde los Quattro Canti de Palermo hasta Monreale cuesta 20 Euro sólo ida.
Unos 20 km al este de Palermo se encuentran estas ruinas grecorromanas (tel +39 091 904557), que sólo están parcialmente excavadas; sin embargo, merece la pena visitarlas por estar situadas en las hermosas laderas del monte Catalano.
La población fue fundada en el s. IV a.C. en el lugar de una colonia fenicia. Se puede pasear por el decumanus (via principal) y luego girar hacia las empinadas calles laterales empedradas para explorar las viviendas, algunas de las cuales siguen luciendo los mosaicos originales del suelo, como los de la casa di Leda 8si se encuentra); también hay que prestar atención al teatro.
Para acceder, al viajero debe tomar el tren de Palermo, bajarse en la parada de Santa Flavia-Solunto-porticello y preguntar cómo llegar. La antigua ciudad se ubica unos treinta minutos a pie cuesta arriba.
Casi 60 km al norte de Palermo aparece Ustica, un segugio para lossubmarinistas profesionales. Esta pequeña isla (8,7 M2), la punta de un volcán sumergido, forma parte de la cadena volcánica eolia. Las aguas cristalinas que rodean la isla, repletas de peces y coral, se mantienen muy limpias gracias a una corriente atlántica que pasa por el estrecho de Gibraltar.
En 1986 Ustica fue declarada primera reserva marina de Italia y sigue siendo un centro importante para el submarinismo y la investigación marina. En julio la isla celebra el Festival Internacional de Actividades Subacuáticas, que reúne a aficionados de todo el mundo. Se aconseja recorrerla en junio y septiembre para apreciar el fabuloso litoral y sus grutas sin aglomeraciones.
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